6 nov. 2015

Publicado 06 noviembre por con 1 comentario

Barber, S. - Segundo ensayo para orquesta


samuel barber
Samuel Barber. / Creative Commons
En el panorama musical americano del siglo XX cabe destacar la figura del compositor estadounidense Samuel Barber. Muchas de sus composiciones alcanzaron éxito a nivel popular, sin dejar, por ello, de gustar a los críticos musicales de su época; y escribió notables piezas para orquesta, coro, piano, grupos de cámara e incluso tres óperas. Entre sus obras orquestales se encuentran tres conocidas como los ensayos para orquesta. Los dos primeros tienen un carácter predominantemente lírico, mientras que el tercero se acerca más al dramatismo. Barber emplea en ellos una estructura relativamente libre y condensa los elementos temáticos y motívicos en un reducido tiempo (ninguna de estas tres piezas supera los doce minutos de duración).

A pesar de que los otros dos también son muy recomendables (así como su sinfonía en un movimiento), nos centraremos en el segundo ensayo para orquesta. Terminado en 1942, algunos musicólogos e historiadores han sugerido que la situación política y, en especial, la segunda guerra mundial, pueden haber sido notables influencias en esta composición.

El comienzo del ensayo, con un solo de flauta es un tanto nostálgico. Tiene un ritmo que marca sutilmente los intervalos ascendentes y descendentes. De hecho, la composición empieza con una síncopa, y el tema en sí parece derivado de la célula inicial. El uso constante de intervalos de quinta, cuarta y sexta que se puede observar es muy característico: se puede observar también en otros compositores estadounidenses de este período, quienes consiguen utilizar saltos bastante grandes para temas muy melódicos de manera equilibrada. Este recurso no es excesivamente frecuente y es poco común encontrarlo en compositores de la mayoría de otras escuelas o estilos. El clarinete bajo retoma el tema cuando acaba la flauta, y el corno inglés amplía los motivos iniciales.

Primer tema, presentado por la flauta en el inicio de la obra.
Tras la entrada del corno inglés, la textura comienza a ser más polifónica. La cuerda comienza a desarrollar los motivos junto con el viento madera y, por último, aparece el viento metal. Es aquí cuando la cuerda presenta el siguiente tema, apoyándose en las trompetas con sordina y viento madera, más dinámico aunque relacionado con el primero. Esto se puede ver en la línea melódica, también lírica y en el carácter (muy similar al inicial). Como veremos más adelante, la falta de contraste entre estos dos temas no impide el desarrollo, ya que Barber buscará otros métodos para introducir estos contrastes en la obra.

 Al finalizar este tema comienza un crescendo en forma de progresión acabando con un arpegio lento descendente de las trompetas, seguidas de los trombones hasta una sonora nota grave. Las trompas toman los motivos principales, dotándolos de más fuerza y un ambiente más tenso. La idea de cierre detrás de este arpegio, así como la construcción sobre notas descendentes, se mostrará varias veces durante la obra.

Samuel Barber aprovecha esta situación para hacer una progresión a partir del segundo tema con la cuerda y los trombones, culminando en una fuerte atmósfera casi bélica gracias al uso rítmico de los timbales. Sobre estos exponen las trompas el tema inicial de la flauta. Comienzan con mucha tensión, pero un diminuendo muy marcado lleva a acabar el tema de manera apacible. Es curioso comprobar cómo el compositor ha conseguido cambiar el carácter tan rápidamente: parte de una sonoridad violenta y agitada y cuando finaliza el tema las trompas suenan casi en la lejanía. En ese apacible escenario entran el oboe y el clarinete, para ser interrumpidos de nuevo por los timbales, que rápido desaparecen para dejar al viento madera volver a entrar. Esta vez lo enlazan con la entrada del oboe, que presenta el segundo tema completo y el resto del viento madera cierra esta corta sección con una repetición de motivos a modo de cadencia. Barber vuelve a incluir los timbales justo entonces, pero solamente como un recuerdo (carecen del vigor con el que se presentaban anteriormente).

El compositor así ha cerrado la primera gran sección de su obra, con el ambiente bélico siendo, como acabamos de ver, un mero recuerdo. ¿Pero termina esta atmósfera así? Para nada. Un fuerte, súbito e inesperado acorde de la orquesta sorprende al oyente. Lo sigue una entrada escalonada del viento madera en un tempo bastante más rápido, continuado por las trompetas con sordina. Aquí aparece de nuevo el segundo tema con un carácter completamente distinto e inestable. De aquí que, un poco más adelante, Barber decide utilizarlo en una progresión mientras alterna fragmentos del mismo entre instrumentos diferentes. Este ambiente inocente de textura ligera deriva de nuevo en algo que nos recuerda a ese arpegio descendente de las trompetas que apareció antes, si bien esta vez está adornado con más notas. En realidad, la función en este caso es la misma aunque no termina del mismo modo.

La obra continúa con una serie de progresiones hasta que entra la flauta con la melodía. Aunque está muy variado y ornamentado, se puede observar que lo que está tocando la flauta es el primer tema. Justo cuando termina, la cuerda cierra de nuevo con una variación del arpegio descendente que se usó antes. Con un ahogamiento del compás, en el que dos subsecciones se solapan parcialmente, el segundo tema hace su aparición. Lo acompañan unos marcados timbales que contrastan con el carácter lírico de éste. La orquesta está empleando todo su potencial sonoro para esta melodía, que se mantiene a través de la breve cadencia. Sin perder la potencia, los trombones introducen el primer tema en este tenso ambiente, seguido por las trompas y luego por las trompetas que entran escalonadas antes de que la voz previa haya finalizado su entrada (curiosamente, esto nos puede recordar a la entrada en estrecho de la fuga). Se llega a una majestuosa textura homofónica que repite secciones a modo de cadencia, con una importante reducción en el volumen sonoro hasta que sólo queda la percusión.

Barber no acaba el desarrollo aquí. En este momento entra, sobre este fondo de percusión, la cuerda. Lo hace de manera lírica, utilizando el motivo que acaba de aparecer como cadencia, y nos recuerda este ambiente nostálgico mediante un inteligente uso de acordes y motivos repetidos. Un lento crescendo a través de muchos compases acentúa el carácter conmovedor hasta la entrada de las trompas y trombones, que encuadran su sonoridad amplia y majestuosa en esta nueva atmósfera. Sin que dejen de sonar estos motivos, las trompetas enuncian el primer tema, esta vez bastante más lento, con notas anchas y pesantes. Los ritmos chocan entre sí hacia una cadencia, con acordes de la orquesta y plato suspendido.

¿Podría acabar aquí la pieza? En principio, sí. Pero Barber no cierra esta obra tan rápidamente. Se descubren unas notas en unísono de la cuerda aguda, suavemente, dejando una quinta al aire repitiéndose. Los acordes siguientes ya cierran definitivamente la obra, dejando esas últimas notas agudas como un recuerdo de los temas que se han sucedido hasta entonces.

Así termina una obra que, a pesar de su brevedad, tiene una construcción compleja y cerrada, desarrollando satisfactoriamente muchos motivos y contrastando todo tipo de emociones gracias a su carácter tan cambiante.

Curiosidad

Samuel Barber participó en varias organizaciones que fomentaban la educación musical y la promoción de la música, llegando a ser presidente del Consejo Internacional de la Música (de la UNESCO).

1 comentario:

  1. Una publicación muy interesante. No sabía que Barber estuvo metido en la UNESCO. ¿Se sabe qué temas manejó durante ese periodo?

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